EL NEGOCIO DE LAS APUESTAS
Así funciona un casino clandestino online
19/10/2026
Las apuestas online son un fenómeno extendido y que trasciende clases sociales y generaciones, sin distinción de edades. Todo se puede timbear a través de un teléfono celular. A través de distintos testimonios y una investigación de la justicia entrerriana se reconstruye paso a paso cómo funcionan las plataformas ilegales, creadas a imagen y semejanza de los sistemas oficiales.
Juan Cruz Varela
De la Redacción de Página Judicial
–¿Es que va usted a llevar a los niños a la ruleta? Perdóneme –añadió inmediatamente–; tengo entendido que usted es débil y capaz de dejarse arrastrar por el juego. En todo caso yo no soy, ni deseo ser su mentor; pero al menos, eso sí, tengo derecho a velar porque no me comprometa…
–Usted olvida, sin duda –respondí tranquilamente–, que carezco de dinero. Hace falta antes tenerlo para perderlo en el juego.
–Voy a dárselo –respondió el general, sonrojándose ligeramente.
La escena tomada de El jugador, la novela de Fiódor Dostoievski, ofrece una mirada autobiográfica sobre la autodestrucción y la desesperación que pueden generar la pasión desmedida por el juego.
Antes era el casino; ahora arrasan las apuestas online: todo se puede timbear a través de un teléfono celular. Las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Tragamonedas, ruleta, bingo, póker, blackjack, resultados deportivos. Son un fenómeno que atrapa especialmente a varones jóvenes, pero atraviesa a generaciones y clases sociales.
Existe un sistema legal, regulado por las provincias. Son las que tienen la extensión .bet.ar. En Entre Ríos lo hace el Instituto de Ayuda Financiera a la Acción Social (Iafas), que garantiza la seguridad del juego oficial.
Pero existe también una extendida red de aplicaciones ilegales, creadas en espejo de las páginas oficiales, con softwares casi idénticos, que crecieron exponencialmente durante la pandemia hasta expandirse como una plaga.
En los casinos virtuales ilegales se puede apostar en cualquiera de las modalidades, como en las páginas oficiales. La diferencia con el sistema oficial es que no permiten una registración autónoma ni permanente, sino que requieren de un intermediario, denominado cajero o cajera –en su mayoría son mujeres–, que es quien otorga un usuario y una contraseña, mediante comunicaciones por WhatsApp. Así es como los interesados/apostadores compran créditos para hacer sus apuestas.

Hecha la registración, las cajeras son quienes cobran y pagan, no la aplicación. La clave, sin ninguna sofisticación, suele ser un mensaje en un estado de WhatsApp, Facebook, Instagram o TikTok: “Buen día, estamos cargando”.
El sistema opera mediante transferencias bancarias que realizan los apostadores a favor de las cajeras o cajeros y son ellos quienes autorizan los créditos virtuales dentro de las plataformas elegidas por los jugadores.
Las apuestas son disímiles: las hay por montos ínfimos y también por sumas más elevadas, aunque con un tope. Y cobrar un premio puede llegar a transformarse en una cuestión de fe: quien gana debe remitir inmediatamente una captura de pantalla a la cajera demostrando que lo hizo; de otra manera, no se paga.
Estos casinos online, clandestinos, funcionan las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana; pero están activos un tiempo y las contraseñas tienen fecha de vencimiento, hasta que son dados de baja y se crea uno nuevo, generando una movilidad permanente de aplicaciones, cajeros, usuarios y contraseñas, apostadores, acreedores, para evitar la detección.
Oferta a cielo abierto
En los barrios, el negocio corre a través de estados en las redes sociales; en pleno centro, mediante panfletos que aparecen en bancos de plaza, en postes de luz o en el parabrisas de cualquier auto, como una invitación.

Hay quienes relatan experiencias personales vinculadas a personas ligadas al narcotráfico detrás de estos casinos ilegales, a cargo de los transas en los barrios populares, emparentados con esquemas de préstamos a tasas usurarias y signados por la violencia.
Algunos, incluso, habilitan mecanismos para jugar sin pagar en el momento, extendiendo el endeudamiento y alimentando una olla de presión social.
Pero una investigación judicial recogió recientemente el testimonio de una persona que inició una carrera como cajero y terminó montando su propio casino online, con más de trescientos suscriptores, cajeras y cajeros que operaba de manera ilegal en el norte entrerriano.
El personaje en cuestión –no importa el nombre, sino el sistema– es un changarín oriundo de Santa Elena, que cometió la torpeza de promocionar su negocio ilegal en una extensa entrevista con un medio de comunicación de La Paz, donde describió espontáneamente cómo era el funcionamiento de sus casinitos, a través de sitios como camelbet.vip, casinozeuz.io o ganaencasa.net, creados en espejo con las plataformas oficiales.
Ninguna de esas plataformas tenía filtro para evitar el acceso de menores de edad. De hecho, no había ningún tipo de control de identidad, lo que habilitaba a los menores a acceder a las plataformas y jugar sin restricción alguna.
En su cuenta de WhatsApp figuraba la denominación “Casino Red Luis”, un sistema que operaba mediante la recepción de transferencias bancarias que efectuaban los apostadores a favor de cajeras y cajeros, quienes cargaban créditos virtuales en las plataformas elegidas por los jugadores. Esos créditos les permitían apostar en las distintas modalidades que ofrecían las aplicaciones, sean slots, ruleta, bingo, póker, blackjack o resultados deportivos.
Acuña terminó condenado a tres años de prisión condicional (no efectiva) por la organización y explotación de un sistema de captación de apuestas de casinos online. Pero no apaga el programa. El juego clandestino se extiende sin control, como las consecuencias del endeudamiento.