DERECHOS HUMANOS

Procesaron a agentes de inteligencia por crímenes de lesa humanidad

31/08/2026

Represores que integraban el grupo de inteligencia en el Regimiento de Concordia fueron procesados por el secuestro y aplicación de torturas a militantes uruguayos, en el marco del Plan Cóndor, durante la última dictadura cívico-militar. También como encubridores del homicidio del soldado Jorge Emilio Papetti, que continúa desaparecido.

Procesaron a agentes de inteligencia por crímenes de lesa humanidad

Juan Cruz Varela
De la Redacción de Página Judicial

 

La jueza federal Analía Ramponi dictó el procesamiento de varios ex militares de inteligencia por el encubrimiento del secuestro y la desaparición forzada del soldado Jorge Emilio Papetti, como también por el secuestro y aplicación de torturas a ciudadanos uruguayos, en el marco del Plan Cóndor.

La medida alcanza a Juan Ignacio Aleman, Jorge Enrique Echeverría, Miguel Ángel Galeano y Horacio Alberto Goris, integrantes del grupo de inteligencia del Regimiento de Concordia, que desempeñó un rol fundamental en el secuestro de militantes, su alojamiento en centros clandestinos de detención, aplicación sistemática de torturas y desaparición de personas.

La magistrada, en coincidencia con lo que había postulado la fiscal Josefina Minatta, consideró que los represores “formaban parte de un aparato estatal perfectamente organizado y ensamblado, destinado a borrar cualquier tipo de vestigio de lo que consideraban peligroso para la seguridad nacional y que terminó siendo responsable de un genocidio” y resaltó que el área de inteligencia “estaba dotado de una organización estructural (…) y desde su misma conformación aceptó la comisión de diferentes delitos como necesaria para el logro de sus objetivos finales”.

El aparato represivo era dirigido por Naldo Miguel Dasso, jefe del regimiento, condenado a prisión perpetua por el secuestro, aplicación de torturas y desaparición forzada de personas, y fallecido el 2 de septiembre de 2023.

Pero la inteligencia era el sistema nervioso de la represión ilegal, conectando a las máximas autoridades con los centros clandestinos de detención, tortura y desaparición de personas operados por personal de inteligencia.

El jefe de la banda

El teniente coronel Naldo Miguel Dasso se presentaba a sí mismo como el dueño de la vida y la muerte de las personas que vivían en el área bajo su comando. Decenas de personas fueron encarceladas en un centro clandestino de detención que funcionaba en el regimiento y el plan sistemático de represión ilegal hizo desaparecer a Sixto Francisco Zalazar, Julio Alberto Solaga y el conscripto Jorge Emilio Papetti.

Dasso también había logrado edificar estrechas relaciones con los servicios de inteligencia uruguayos a partir del intercambio de información sobre los antecedentes de personas que aspiraban a trabajar en las obras complementarias del complejo hidroeléctrico binacional de Salto Grande, con acciones impuestas para desarticular el movimiento obrero de la represa e impedir la instalación en Concordia y Salto de militantes nacionales de ambos lados del río.

En documentos oficiales, además, quedaron registrados varios viajes que Dasso y otros jefes militares hicieron a Salto; como también de militares uruguayos a Concordia, en el marco de lo que se dio en llamar Plan Cóndor.

Al mismo tiempo, cimentaba su imagen pública con el apoyo de entidades y personajes históricamente conservadores, desde la Iglesia hasta la Sociedad Rural, pasando por la Cámara de Comercio y el Rotary Club, entre otros, quienes reivindicaban la “gran obra civil” del jefe de la unidad militar.

El sistema nervioso

El teniente primero Jorge Enrique Echeverría era integrante de la plana mayor del regimiento y oficial de inteligencia; era el cerebro de la unidad militar y su función era colectar información en la lucha contra la subversión, a través del secuestro, aplicación de torturas, abusos sexuales y otros métodos ilegales.

El grupo de inteligencia estaba integrado además por el oficial Juan Ignacio Aleman y los suboficiales auxiliares Miguel Ángel Galeano y Héctor Aníbal Amarillo (fallecido), entre otros militares.

El capitán Horacio Alberto Goris era jefe de personal en el regimiento; integraba la plana mayor, secundaba a Dasso y su tarea era la administración de los recursos para las acciones de represión ilegal en la jurisdicción.

El conscripto

El soldado conscripto Jorge Emilio Papetti fue detenido el 16 de marzo de 1977 mientras estaba de guardia en el Regimiento de Concordia, donde había ingresado once meses atrás. Cuando su madre fue a indagar sobre su situación, Dasso le dijo que había sido arrestado para ser investigado y que se fugó cerca de Villaguay cuando era trasladado a Paraná, esposado y bajo custodia de tres oficiales del regimiento.

El traslado, según los registros militares, estuvo a cargo de Aleman, como responsable del operativo, y los suboficiales Amarillo y Galeano, que eran auxiliares del grupo de inteligencia del regimiento. Ellos mismos lo han reconocido.

Sin embargo, dos personas que compartieron cautiverio con el soldado conscripto dieron otra versión. Ramón Rogelio Ayala y Jorge Martín Ramírez vieron a Papetti en una sesión de tortura en el regimiento y contaron que luego los trasladaron a los tres a la Tortuga Alegre, un camping cerca de Salto Grande, donde fueron nuevamente torturados.

Papetti estaba muy golpeado, prácticamente no podía mantenerse en pie, dijo Ramírez; tenía los ojos cerrados por los golpes, el pecho hundido, sangre en la boca y tosía mucho.

En una fecha que sería el 19 de marzo los tres fueron trasladados a Paraná. Ramírez iba en un camión tanque; Papetti y Ayala, en el baúl de un Ford Falcon. Al llegar, los alojaron en los cuarteles del ejército, donde permanecieron dos días; hasta que Papetti y Ramírez fueron trasladados a la cárcel.

Papetti fue torturado hasta la muerte en la “unidad familiar”, un sitio dentro de la cárcel de Paraná donde se torturaba a los detenidos. “Escuché que le dio un ataque, se quedó sin aire, empezaron a pegarle en el corazón y se ve que les murió”, contó Ramírez.

Los últimos momentos de Papetti en la cárcel son más borrosos. Ramírez mencionó que en la sala donde ambos eran torturados había al menos seis personas, advirtió que eran militares, aunque no pudo identificar a ninguno.

Tres ex militares fueron condenados por la desaparición de Papetti: Dasso, como autor del secuestro y las torturas; y José Anselmo Appelhans, director de la cárcel de Paraná, como autor del secuestro, imposición de tormentos y homicidio doblemente calificado por alevosía y por haber sido cometido por dos o más personas, y recibieron prisión perpetua; y Gonzalo López Belsue, quien lo retiró de la formación, recibió ocho años de prisión como partícipe secundario de los delitos de privación ilegítima de la libertad e imposición de tormentos.

La jueza Ramponi ahora procesó a Echeverría, Aleman y Galeano como integrantes de una asociación ilícita y encubridores del homicidio de Papetti; y a Goris como coautor del secuestro y aplicación de torturas al conscripto; y les trabó embargos de 30 millones de pesos a cada uno.

Las alas del cóndor

El 3 de julio de 1977, fuerzas militares argentinas detuvieron en Concordia a Jesús Siverio Suárez Méndez, señalado como miembro de la conducción del Partido Comunista Revolucionario uruguayo y responsable de una célula que integraban su hermano Luis Suárez Méndez, Eduardo Robatto Guerreiro y Luis Urrutia.

La caída del grupo se produjo de manera fortuita, cuando trabajaban haciendo changas de albañilería en unas cabañas en el Hostal del Río, en el Parque San Carlos, en Concordia, a raíz de un incidente laboral sin relación alguna con la política.

También fueron detenidos Brenda Levith, esposa de Luis Suárez Méndez, y el hijo de ambos, de 3 años; María Julia, hermana de Jesús y Luis, de 17 años y sin militancia; y otras dos personas.

En un primer momento fueron trasladados a la Jefatura Departamental de Policía de Concordia, bajo el mando del inspector Pedro Fernando Campbell, y sometidos a violentos interrogatorios de los que tomaron parte militares uruguayos.

En los registros policiales, la detención de los militantes uruguayos se registró que habían sido ordenadas por “el jefe de Área 225”, es decir, Dasso; y en el caso de Jesús Suarez Méndez quedó anotado que fue entregado por la Policía de Entre Ríos al teniente primero Aleman.

La jueza Ramponi aseguró que “tales hechos se dieron en el marco de lo que fue el denominado Plan Cóndor, llevado adelante por los gobiernos uruguayo y argentino durante la última dictadura militar, que tenía como objetivo atacar movimientos guerrilleros, partidos y grupos de izquierda, sindicalistas, religiosos, políticos liberales, entre otros supuestos enemigos de dichos gobiernos autoritarios, a través de grupos de tareas conformados por integrantes de las fuerzas armadas y de seguridad de los Estados mencionados”, con la intervención de policías no identificados, el sargento primero Amarillo, el teniente primero Echeverría, el teniente primero Aleman, Oficial y sargento ayudante Galeano, todos respondiendo a las órdenes de Dasso, el jefe del regimiento.

También participaron militares uruguayos: el mayor Waldemar Tarigo y el capitán Ramón Prudencio Barboza, junto con un cabo del área de inteligencia del Batallón de Infantería de Salto no identificado.

Los detenidos fueron torturados con picana y golpeados ferozmente en una casona abandonada, presumiblemente el barrio La Bianca. María Julia fue abusada sexualmente por Amarillo, y también recibió descargas de corriente eléctrica en su cuerpo delante de su hermano Jesús, Robatto y Urrutia, mientras ellos mismos eran sometidos a feroces tormentos.

Esa misma noche fueron trasladados a otro lugar, probablemente hacia el norte de la ciudad, a orillas del río Uruguay, donde otra vez fueron sometidos a torturas.

María Julia, su hermano Luis, Brenda Levith y el hijo de ambos permanecieron unos días en la Jefatura Departamental de Policía, hasta que los subieron a una lancha y fueron trasladados a Salto por oficiales del Ejército uruguayo. Una vez en la banda oriental, los cuatro recuperaron la libertad.

Eduardo Robatto Guerreiro y Luis Urrutia, en cambio, fueron trasladados clandestinamente al Uruguay por el capitán Barboza a través del puente de Salto Grande.

Jesús Silverio Suárez Méndez no fue entregado a la dictadura uruguaya, sino trasladado a Paraná. Según su testimonio, permaneció cinco días encapuchado en una casa ubicada en cercanías de la Base Aérea, luego lo subieron a un avión que aterrizó en el aeropuerto de Don Torcuato y de allí fue a parar a un centro clandestino de detención que sería el Pozo de Quilmes. “Esa misma noche me fugué de ese lugar”, contaría.

La jueza Ramponi procesó a los represores Echeverría y Aleman como integrantes de una asociación ilícita y autores del secuestro e imposición de torturas contra los militantes uruguayos; y por el abuso en perjuicio de María Julia Suárez Méndez.