OPINIÓN

Su lugar

21/05/2026

Julio Federik fue dueño de un estilo enfático en el uso de las palabras, tanto en la tarea judicial como en la construcción de sonetos y en la prosa. A propósito de su fallecimiento, el ex fiscal general ante la Cámara Federal de Apelaciones de Paraná, Ricardo Álvarez, lo recuerda como alguien que, con admirable talento, convirtiera la tosquedad de la vida y sus rutinas en narrativa estéticamente comprensible.

Su lugar

Ricardo C. M. Álvarez (*)

 

No pertenecí al metro cuadrado de aquella amistad que señalara –con mesura y mensura– quien admirablemente lo despidiera este frío mediodía.

Sin embargo, y allende ese reducido ámbito, me he sentido muy vinculado afectivamente a Julio, aun cuando desde los suburbios de la amistad (para no descartar el empleo sintáctico de la ingeniosa metáfora que recordara Enrique P.). Porque, más allá de cartografías, Julio Federik visitaba todos los espacios adonde se lo convocara, para fortuna de tantos anfitriones en la diversidad. Le sobraban credenciales para el convite. Entre afligidos que procuraban una asistencia jurídica comprometida, otros con quienes paladeara la mies de la poética, alumnos que disfrutaban de su magisterio, oyentes ocasionales de sus antiguas destrezas de campeón, y tantos otros (muchos de aquellos) con quienes compartiera el hechizo del canto o la magia de la escena.

De cuantos mencionara, hemos coincidido en el complejo territorio del Derecho, enrolados en distintos quehaceres, pero bajo una racionalidad de lealtad común, convencidos como siempre estuvimos que, aquellos que nos concernían, no deberían soportar otra fricción que la Constitución Nacional no contemplase como parte de su juego regulatorio y bienestarista.

Pensándolo bien, no fue Julio un actor polifacético como fuera evocado en estas horas. Permítanme presentarlo como alguien que, con admirable talento, convirtiera la tosquedad de la vida y sus rutinas en narrativa estéticamente comprensible.

Si, como enseñara Platón, la belleza es el esplendor de la verdad, ¡cuántas le deberán entonces el foro y la literatura! Porque, aunque ejerciera intensamente la abogacía, nunca dejo de hacerlo con poesía, siempre que por ella no escamoteemos su verdadero sentido. Por encima de muchas disputas epistémicas, Julio pareciera habernos propuesto una concepción poética del Derecho, lo que significa exteriorizar el aseguramiento de componentes de sensibilidad hacia quien sufre, a un lado u otro del camino, y hacerlo con belleza retórica. En fin, procurar que el derecho disputado y el que “debe ser” rimen siempre con la Constitución Nacional. Supo demostrarnos que aquella cualidad no riñe con el rigor. Para comprobarlo bastaría con echar una mirada a sus tempranos escritos, profusos y conceptualmente ricos como pesado el gramaje de su soporte papel, o memorar sus alegaciones y giros argumentativos, contrastando con la –en ocasiones– palidez conceptual de los estrados, allí mismo donde –además– su grandilocuencia, ora fortaleza, ora debilidad, solo ha representado un pretexto escénico, mecido al compás del sano histrionismo que suele acompañar a las urgencias por convencer.

Son abogados los que abogan desde el llano. En tiempos donde su noble ejercicio liberal en el ámbito criminal constituye casi un ejemplar escaso, hacerlo con poesía será, desde ahora, una experiencia algo extravagante.

“Cuando muera Federik, la ciudad también morirá en un sentido”, vaticino hace poco tiempo el periodista Jorge Riani al dedicarle una interesante nota en la revista Cicatriz. Ciertamente, el sentido de la muerte de esta ciudad a partir de hoy es único, pero en la pluralidad de sus manifestaciones. Ha muerto parte de la poesía para disfrutar lo que Parana significaba y significa. Ha muerto una forma singular de ejercer la abogacía. También una interlocución cuidada, sobria y elegante, a contramano de una creciente maraña de vulgaridades comunicativas.

Hay, pese a ello, algo por celebrar: a Mi lugar –su lugar– deberían añadirse entonces, nuevas e implícitas estrofas acuñadas con el cincel de la memoria social: ellas darían cuenta del reconocimiento amable, la admiración y gratitud de tanta gente que bien lo ha querido. En Mi Lugar hay un lugar ocupado ahora por quienes comenzamos a extrañarlo.

(*) Ex fiscal general ante la Cámara Federal de Apelaciones de Paraná y docente de la Universidad Nacional del Litoral (UNL).