El tráfico de efedrina y el alerta que surgió en Concepción del Uruguay

24/07/2014

Juan Cruz Varela De la Redacción de Página Judicial La investigación por la ruta de la efedrina reveló por primera vez indicios de la presencia de narcotraficantes mexicanos en el país. Juan Cruz Varela De la Redacción de Página Judicial La investigación por la ruta de la efedrina reveló por primera vez indicios de la


Juan Cruz Varela
De la Redacción de Página Judicial


La investigación por la ruta de la efedrina reveló por primera vez indicios de la presencia de narcotraficantes mexicanos en el país.

Pero la punta de aquella compleja madeja judicial parece tener el origen en una pista originada en Concepción del Uruguay: habría sido el escuadrón de Gendarmería apostado en la ciudad entrerriana el que dio, en febrero de 2008, el primer alerta sobre el accionar de una banda dedicada al tráfico de efedrina hacia México y a la elaboración de metanfetaminas y otras drogas sintéticas.

La jueza federal María Servini de Cubría procesó hace unos días al ex titular de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) José Granero y otros cinco ex funcionarios de ese organismo en una causa en la que investiga la falta de controles sobre la importación de efedrina, que se puede usar tanto para hacer analgésicos como para producir drogas sintéticas.

En su fallo, la magistrada destacó que desde la Sedronar “autorizaron el incremento de las importaciones de efedrina en un 1.363 por ciento en solo 4 años. Se pasó de importar entre 1.200 a 1.500 kilos de efedrina desde los años 1999 hasta 2003, a más de 20.000 kilos solo en el año 2007”. La efedrina se importaba supuestamente para la elaboración de medicamentos, pero se comprobó un desvío ilegítimo de la sustancia.

Ya en febrero de 2008 desde el Escuadrón Uruguay de Gendarmería se notificó de manera informal a la Sedronar –mediante un llamado telefónico al Registro Nacional de Precursores Químicos– sobre la detección de un caso de tráfico de efedrina. Fue la primera alarma que recibió el organismo sobre el asunto.

El dato consta en el fallo de la jueza Servini de Cubría. Allí la magistrada destaca un párrafo de la declaración indagatoria de Gabriel Yusef Abboud, el encargado del control del Registro Nacional de Precursores Químicos de la Sedronar y quien daba la autorización final para la importación de efedrina.

El procedimiento aludido por Abboud se produjo el 29 de enero de 2008 sobre la Ruta Nacional 14, en Concordia. Efectivos de Gendarmería detuvieron a dos misioneros que transportaban 25,591 kilos de efedrina escondida en el tanque de combustible de un Fiat Palio. El automóvil era conducido por Ramón Grondona y en otro vehículo viajaba Oscar Mieres, que oficiaba como apoyo logístico y custodia. De la investigación surgió que la sustancia incautada tenía un valor estimado en 250.000 dólares y tenía por destino el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Lo cierto es que ambos terminaron condenados a fines del mismo año por el Tribunal Oral Federal de Paraná.

Informes elaborados por Gendarmería y por la Dirección Nacional de Migraciones revelaron además que Mieres y Grondona formaban parte de la organización liderada por Juan Jesús Martínez Espinoza, conocido como El Rey de la Efedrina y vinculado con el Cartel de Sinaloa.

Más aun, la vinculación de los dos misioneros detenidos en Concordia con el narco mexicano fue confirmada en sede judicial por un hombre que trabajó como chofer de Martínez Espinoza y dijo que “casi todos los días venían de México personas en tandas de dos, a veces incluso venían dos por la mañana y dos por la tarde, y se llevaban botellas de vino” y aseguró que tras la detención de Mieres y Grondona “los mexicanos se asustaron y abandonaron las quintas” donde vivían, en la provincia de Buenos Aires.

El narco mexicano fue detenido en octubre de 2008 en Paraguay, pero en julio, es decir, seis meses después de la caída de Mieres y Grondona en Entre Ríos, se descubrió un inmenso laboratorio clandestino donde se fabricaban drogas sintéticas en una lujosa quinta de Ingeniero Maschwitz, en la provincia de Buenos Aires. Para los investigadores, el líder de esa organización era Martínez Espinoza.

Así, la punta del ovillo de la investigación judicial, otra vez, llega hasta Entre Ríos.