Una enfermera cree que compañeras suyas saben más de lo que declaran

ROBO DE BEBÉS

Una enfermera cree que compañeras suyas saben más de lo que declaran

Dos enfermeras negaron haber asentado el ingreso de los mellizos de Raquel Negro y Tulio Valenzuela en el libro de guardia del Instituto Privado de Pediatría, a pesar de lo revelado en una pericia. Sin embargo, una de ellas sugirió que otras compañeras podrían tener más datos que los que aportaron a la justicia sobre el paradero del varón, e incluso también una médica paranaense. A la otra enfermera se le iniciará una causa por falso testimonio.

Juan Cruz Varela
De la Redacción de Página Judicial



¿Yo señor? No señor.

La ironía resume las respuestas que dieron las enfermeras Marta Ofelia Gómez y Stella Maris Cuatrín, del Instituto Privado de Pediatría (IPP), a las preguntas sobre si habían registrado el ingreso de los mellizos de Raquel Negro y Tucho Valenzuela.

Ambas negaron lo que asegura una pericia caligráfica: que fueron ellas quienes asentaron en el “Libro de Producción” de la clínica privada el ingreso de los mellizos, provenientes del Hospital Militar, en marzo de 1978.

“No puedo hacerme cargo de un tiempo en el que no trabajé; me va a dar un ataque de presión acá mismo porque no entiendo esta situación”, aseguró la enfermera Gómez, insistiendo en que cumplió funciones en el IPP hasta diciembre de 1977, a pesar de que su caligrafía coincide con la que habría anotado el ingreso de “López, NN”, el mellizo varón, el 10 de marzo de 1978, y que hay recibos de sueldo suyos hasta septiembre de ese año. Por estas inconsistencias, los abogados querellantes solicitaron que se le instruya una causa por falso testimonio.

Lo mismo dijo Cuatrín. “Esa letra no es mía, se lo puedo asegurar; ni siquiera se parece a mi letra, nada que ver… se lo juro por mis nietos, que es lo que más quiero en el mundo”, dijo la enfermera un rato después, negando así que hubiera sido ella quien anotó el ingreso de “López, Soledad”, Sabrina Gullino, el 4 de marzo.

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Luego Cuatrín mencionó a otras enfermeras que tal vez podrían aportar más datos porque, según dijo, “eran las que estaban más tiempo ahí (en la sala de neonatología)”: Norma Inés Lasbías, Imelda Rosa Princic y Myriam Guillén Alaiza, con quienes trabajó en el IPP en aquella época. “Ellas son las que saben la verdad”, dijo. Enseguida soltó una frase sugestiva en toda esta historia: “Yo no lo entregué, ni nada”.

Lasbías y Princic declararon en el primer juicio y apenas confirmaron la presencia de los mellizos en la clínica privada. Esta última mencionó que atendió un niño varón que tenía una tarjeta que decía NN en su incubadora y que la explicación que le dio Torrealday fue “confusa” y como para conformarla. Guillén, en cambio, vive en Perú y nunca declaró en los tribunales. Las tres deberán comparecer en los próximos días. Cuatrín cree que ellas “saben más de lo que han declarado” e incluso así se lo habría manifestado a una oficial notificadora del tribunal oral cuando fue a comunicarle que debería declarar en el juicio, algo que le recordaron en la audiencia de este jueves.

La pista cordobesa

Lo cierto es que después surgieron otros datos que podrían ser reveladores. Si bien no afectarían la situación de los médicos Miguel Alberto Torrealday, David Vainstub y Jorge Eduardo Rossi, acusados de haber integrado la cadena del robo de bebés, sí permitirían abrir pistas para profundizar la búsqueda del mellizo.

La enfermera Cuatrín contó que Sabrina Gullino la visitó en su casa, tras la declaración que dio en el juicio, hace algunas semanas, para preguntarle si tenía algún dato que no hubiera dado ante la justicia y que la ayudara a localizar a su hermano. Si bien en un primer momento relativizó aquella reunión, acorralada ante la posibilidad de terminar imputada por falso testimonio, Cuatrín reveló que una médica le habría manifestado que el mellizo podría ser profesional, tal vez médico, y estar viviendo en Córdoba.

–Te pregunté si tenías algún dato… –le refrescó Sabrina en un careo.
–Sí… –asintió la enfermera.
–Vos me dijiste que te acordabas bien porque no podías quedar embarazada y te daba pena que a nosotros no nos visitara nadie; que nos agarrabas, nos ponías el camisolín, que cuidaste y agarraste al bebito –continuó Sabrina.
–Sí…
–Vos me dijiste que los médicos nos revisaban, nos alzaban, nos tocaban –luego se diría que la referencia era a Torrealday, Rossi y Ángel Schroeder .
–Es verdad –asentía la enfermera.
–Me dijiste: “A vos te llevaron a Rosario, bueno, a tu hermanito puede ser que lo hayan llevado a Córdoba”. Te pregunté por qué me decías eso, y me dijiste que tal vez podía ser un profesional…
–Es una cosa que se me ocurre a mí –intentó escaparse la enfermera–.

Entonces intervino el juez Roberto López Arango para advertirle que debía declarar todo lo que supiera, que advertía que estaba faltando a la verdad y que ocultar información también constituía un falso testimonio.

Cuatrín sugirió entonces que la familia de Torrealday tenía una casa en alguna localidad cordobesa o en un barrio de la capital, donde vivía la madre del médico imputado, y que “a lo mejor (el mellizo) estaba allá… puede ser médico, a lo mejor”.

La enfermera parecía embretarse cada vez más y entonces introdujo a otra protagonista en esta historia: la médica Amelia Niveyro, una pediatra paranaense con quien trabajó en el Hospital Materno Infantil San Roque, que sería “conocida” de Vainstub. Según dijo, hace dos años le preguntó por el rumbo de la causa y le hizo una sugestiva manifestación:
–Ella me preguntó para qué lo buscaban si el chico estaba bien y era un profesional –aseguró Cuatrín.

La médica Amelia Niveyro deberá comparecer el próximo lunes.