Se negó a declarar un policía federal acusado por el homicidio de Erbetta

DERECHOS HUMANOS

Se negó a declarar un policía federal acusado por el homicidio de Erbetta

Un ex oficial inspector de la Policía Federal fue acusado por el delito de encubrimiento, en el marco de la investigación por el secuestro y homicidio de Victorio Coco Erbetta, durante la última dictadura cívico-militar. En una declaración ante la justicia militar admitió haber participado del operativo en el que se fraguó la fuga del militante popular, pero esta vez se abstuvo de declarar, se indicó a Página Judicial.

Juan Cruz Varela
De la Redacción de Página Judicial



El ex policía federal Emilio Romero se abstuvo de declarar este jueves ante el juez federal Leandro Ríos, quien lleva adelante la investigación por el homicidio de Victorio José Ramón Erbetta, desaparecido durante la última dictadura cívico-militar.

Romero, de 72 años, fue acusado por el delito de encubrimiento. Ha sido señalado como la persona que encabezaba el procedimiento que culminó con el simulacro de fuga de Coco Erbetta. Según pudo reconstruir Página Judicial, en la indagatoria ex policía federal estuvo asistido por el defensor oficial Alejandro Castelli, fue notificado sobre la causa, se le expusieron las pruebas que lo involucran y el ex policía federal se negó a declarar.

Erbetta fue secuestrado el 13 de agosto de 1976. Policías federales vestidos de civil se lo llevaron del edificio donde actualmente funciona la Facultad de Ciencias Económicas, en calle Urquiza, entre La Rioja y Ferré. Uno de ellos fue reconocido como Cosme Ignacio Marino Demonte, que vestía saco azul y pantalón gris; otro era un hombre de unos 45 años, que llevaba un ambo de color beige; y el otro llevaba saco y corbata. Los policías preguntaron por Erbetta y cuando estuvo en la oficina, lo pusieron contra la pared y palparon de armas. Luego lo sacaron por donde habían entrado, lo subieron a un patrullero y partieron por calle Gualeguay (actualmente Illia) hacia calle 25 de Mayo.

Paralelamente al procedimiento en la facultad, una patota del Ejército realizaba un allanamiento en la casa donde Coco vivía con su madre y sus hermanas.

Erbetta pasó unas horas en la sede de la Policía Federal y al otro día fue trasladado al Escuadrón de Comunicaciones del Ejército. De allí fue desaparecido.

En diciembre de 2015, Demonte fue condenado por el secuestro y homicidio de Erbetta, pero en aquel momento el juez Ríos también dispuso continuar las investigaciones para determinar la responsabilidad de las otras personas que participaron en el hecho, para lo cual se formó una nueva causa, en la que ahora fue imputado Romero.

Perder la memoria

El entonces oficial inspector Emilio Romero estuvo en Paraná entre el año 1971 y el 3 de enero de 1977, es decir, fue trasladado a Capital Federal a los pocos meses de la desaparición de Erbetta.

El 24 de agosto de 1976, cerca de las nueve de la noche, tres detenidos dijeron haber sido sacados de los calabozos con los ojos vendados con cinta plástica y las manos atadas con alambres. Luis Alberto D’Elía e Hipólito Luis Muñoz fueron subidos en un furgón que conducía Romero, según él mismo lo reconoció ante la instrucción militar; mientras que Julia Raquel Leones fue cargada en un Ford Falcon con otra persona que le dijeron que era Erbetta y al mando de Osvaldo Luis Conde. Los habían recibido, según dijo, “en la zona de cuarteles de autoridad militar”

Los secuestrados refieren que dieron vueltas durante varios minutos y Julia cuenta que en un momento, la persona que iba a su lado cayó del vehículo.

–Se escapa, se escapa –les escuchó decir a sus verdugos, mientras disparaban.

Romero se abstuvo de declarar en la indagatoria ante el juez Leandro Ríos. Sin embargo, en 1986, cuando fue citado como “testigo” por un juez de instrucción militar hizo una extensa declaración en la que creía recordar que “en una oportunidad, en uno de los traslados se escapó un detenido de uno de los vehículos en que era conducido, lo cual motivó una persecución y se realizaron algunos disparos de armas de fuego”. También dijo que él iba en el otro vehículo y que permaneció dentro del automóvil “como medida de seguridad” para los otros secuestrados.

El policía dijo entonces no recordar los detalles ni los nombres de quiénes participaron del operativo, y solo mencionó el nombre de Conde. Pero sí se acordaba de que en un momento “se detuvo la marcha de la comisión de traslado, circunstancia que fue aprovechada por el detenido para escapar” y creía que la “detención” del vehículo se produjo “por el cruce de un vehículo, que bien pudo ser intencional, circunstancia esta corroborada por el hecho de que el detenido se dio a la fuga y no pudo ser localizado en las inmediaciones del lugar, próximo al cruce de vías”. Erbetta está desaparecido, pero Romero sugirió en 1986 que alguien había facilitado su fuga.

La pregunta entonces del juez de instrucción militar fue cómo hizo para fugarse un prisionero estando esposado, y la respuesta, ensayada y calcada a la que dieron otros represores fue que “el hecho de hallarse esposado con las manos hacia adelante no impide a los detenidos correr o movilizarse”.

Era el 19 de febrero de 1986. Los fusiles todavía humeaban y la pretendida impunidad era algo más que una sensación. Hoy, a más de treinta años, el subcomisario retirado Emilio Romero ya no tiene la locuacidad de entonces. Hoy prefiere el silencio.