Quién va a la cárcel y para qué, según la Justicia entrerriana

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Quién va a la cárcel y para qué, según la Justicia entrerriana

En el adelanto de la sentencia condenatoria a Juan José Canosa, los jueces pusieron blanco sobre negro las consecuencias de la vida en prisión. También su mirada respecto de lo que es familia, trabajo y estigmatización. Un concepto del ex integrante de la Corte Suprema de Justicia, Eugenio Zaffaroni, sobre las cárceles del mundo y a quienes responden.

Luz Alcain
Para Página Judicial



Juan José Canosa escuchó aliviado la decisión unánime del tribunal. Condenado, sí, por el delito de negociaciones incompatibles con su función. Condenado, pero sin ir a la cárcel. Todo recupera su cauce habitual. Para el ex titular de Sidecreer y para las reglas de juego de la sociedad entrerriana.

¿Qué es la cárcel? ¿Quién va a la cárcel? ¿Para qué sirve? No hay que ahondar en teorías rebuscadas del derecho. Las respuestas las da el Tribunal que condenó a Canosa por unanimidad y, lo más importante, lo eximió de prisión.

Al fundar su decisión, la Justicia entrerriana, con la firma de Alejandro Grippo, Alejandro Cánepa y Gustavo Pimentel, asume sin vueltas para quién está hecha la cárcel. Y para quien no.

“Estamos ante una persona joven, que no registra ningún tipo de antecedente penal, laboralmente activo”, se argumenta.

Se añade el atenuante que vale para Canosa, para la clase media entrerriana, pero no para los pobres que pueblan las unidades penales de Entre Ríos y que tienen hijos, o padres. “Tiene contención familiar”, determinó la Justicia, con sus anteojeras.

Trabajo, juventud, familia, todas “circunstancias que posibilitan afirmar la inconveniencia del encierro en el presente caso”. Todo a fin de “evitar las nocivas consecuencias inherentes a las penas de prisión de cumplimiento efectivo”.

Mencionan como “nocivas consecuencias” de la cárcel, “el alejamiento de la familia, la pérdida de capacidad laboral y la estigmatización que presupone el encarcelamiento y la denominada prisionización”. Todo un catálogo de males que podría listar un teórico del derecho, un cientista social o más claramente un habitante de la cárcel.
Lo extraño es que lo fundamenten quienes cada día, en tanto magistrados, deciden ese destino de nocivas consecuencias para los otros, para los distintos.

Ha dicho Eugenio Zaffaroni que en las cárceles del mundo están quienes responden “al estereotipo social” que una sociedad ha construido. En el caso de la Argentina, “el adolescente de los barrios pobres” que no se parece ni a Canosa, ni a los jueces que decidieron su condena.

Agrega el ex ministro de la Corte que, sólo en altísima excepción, podrá habitar la cárcel “alguien que antes tenía poder y después lo perdió”. No ha sido el caso.