Jefes de la banda narco se quejan porque no les encontraron droga

NARCOTRÁFICO

Jefes de la banda narco se quejan porque no les encontraron droga

Nueve de los quince acusados de integrar una asociación ilícita dedicada a la venta de drogas en localidades de la costa del Uruguay declararon este jueves ante el Tribunal Oral Federal. Todos dijeron ser inocentes y cuestionaron una investigación policial y judicial, sostenida en escuchas telefónicas. La semana próxima serán los alegatos.

Juan Cruz Varela


Todos se declararon inocentes. Los que están señalados como jefes de la asociación ilícita, los que se cree que almacenaban la droga, los supuestos vendedores y los policías e integrantes de fuerzas de seguridad que se presume les daban protección.

Nueve de los quince acusados de integrar una asociación ilícita dedicada a la venta de cocaína y marihuana en las localidades de Concordia, Colón y Concepción del Uruguay declararon este jueves ante el Tribunal Oral Federal, se dijeron inocentes y cuestionaron una investigación sostenida fuertemente en escuchas telefónicas. Algunos hicieron declaraciones más extensas, otros, brevísimas aclaraciones; todos rechazaron las acusaciones.

El gendarme Carlos Francisco Acosta, sospechado de brindar protección a los cabecillas de la organización, tropezó ante algunas preguntas incómodas sobre conversaciones que mantuvo con Mario Roberto González.

Según dijo, “no sabía con quién hablaba”, en referencia a González; luego afirmó que “lo estaba investigando sin saber que hablaba con él” y mencionó algunas causas en las que trabajó y que podrían haber alcanzado al narcotraficante que por esos días estaba prófugo. Entre ellas, mencionó una que se juzgó el año pasado en el tribunal, que terminó con la condena de Norma Cabrera y otras tres personas, que compraban cocaína a una persona de nacionalidad boliviana apodada Gordo Roberto y la vendían en Concordia. Acosta contó que en un momento pensó que el proveedor podría ser González, aunque luego eso quedó descartado.

Acosta contó que trabajaba con informantes “identificables y no identificables” y ubicó a González entre estos últimos, explicó que lo trataba con condescendencia para generarle confianza y que “le seguía el juego” en las conversaciones que tenían. “Yo le tiraba una bomba para ver dónde reventaba; y ahora me doy cuenta de que estuve cerca porque la madre le contó que había visto mi auto particular”, relató sobre los datos que intercambiaban por teléfono.

Sin embargo, trastabilló cuando le mencionaron conversaciones en las que el jefe narco habla con lugartenientes suyos a los que les indicaba que debían entregarle 1.500 pesos más a Acosta porque su comisión era de 4.500 pesos por semana. “No me puedo hacer responsable porque no estaba hablando conmigo”, atinó a decir. Tampoco pudo explicar por qué le decía a González “te tenés que cuidar, boludo”, en alusión a que la justicia había dispuesto agilizar las tareas para su detención; ni otra conversación en la que hablan de la detección de un cargamento de 3.394 kilos de marihuana y Acosta le transmite su temor inicial porque “no vaya a ser el camioncito de mi carnal”.

Núñez contra Lauman

También declaró ante el tribuna oral el comisario inspector Mario Núñez, ex jefe de Operaciones de la Dirección de Toxicología, que volvió a embestir duramente contra el subjefe de la Policía de Entre Ríos, José Alejandro Lauman, a quien responsabilizó por su detención, como lo había hecho semanas atrás, en su primera declaración.

Núñez acusó a su superior de “mentir”, dijo que “manejaba los medios” y que desde ese lugar lo responsabilizó por un frustrado operativo en la casa de Claudia Bernal, en el barrio Villa Mabel de Paraná, en el año 2014.

También dio una nueva versión de la enemistad entre ambos: “Es una situación irrisoria porque estuve tres años con Lauman y en los dos primeros me otorgó la calificación más alta; pero después me pidió que yo me pasara a su turno (en la Dirección de Toxicología) y como le dije que no, que me quería ir de la delegación, eso le provocó el enojo”. En el mismo tenor, negó haberle ocultado información a su superior o haber omitido registrar en los libros de guardia sus movimientos o de los vehículos que utilizaba, como había dicho Lauman en su declaración como testigo.

Por lo demás, se defendió de las acusaciones: “Acá no se estableció en ningún momento que yo liberara zonas, ni que cobrara incentivos de Mario González ni que avisara o perjudicara algún procedimiento contra el narcotráfico”, afirmó.

¿Yo señor? No señor

Los jefes de la banda también hicieron su descargo. Javier Alejandro Caire y Mario Roberto González están acusados de ser los organizadores de la asociación ilícita.

“Dicen que era el proveedor de la cocaína que se comercializaba en Concepción del Uruguay y resulta que no me encontraron nada”, se quejó Caire. “Me quieren hacer quedar como el gran narcotraficante, pero sin droga”, dijo más adelante.

Caire fue ambiguo cuando intentó negar las vinculaciones que se le hacen con dealers y narcotraficantes: dijo que no tenía relación con un tal Guillermo Valdez, condenado vendedor de drogas apodado Concha Gorda, a quien luego reconoció como empleado suyo en una remisería y, tiempo después, cliente en el taller mecánico.

Del mismo modo intentó despegarse de Carlos Antonio Callero, cuya detención en 2013 fue la punta del iceberg de la investigación. Caire y Callero son concuñados, ya que las parejas de ambos son hermanas entre sí, pero el primero asegura que nunca cruzaron palabras. Ello a pesar de que Callero se movía en un automóvil Fiat Duna que estaba a nombre de Nicolás Alberto Stur, primo de Caire, y éste había sido el propietario anterior del vehículo. “Jamás usé ese auto, lo único que hice fue un negocio para mi cuñada, que quería un auto económico, hablé con mi primo por si quería venderlo y me dijo que no había problemas, pero que el auto tenía una deuda de patentes y por eso no lo podían transferir, entonces hicieron una tarjeta azul; yo lo único que hice fue el negocio”, se excusó Caire. Un rato más tarde, Stur daría la misma versión ante el tribunal.

También cuestionó la interpretación de las escuchas telefónicas: “Yo recibía encomiendas de Buenos Aires porque era mi trabajo, recibía repuestos, pero jamás estupefacientes” y agregó: “Cómo van a decir que comercializo estupefacientes; es una barbaridad lo que hicieron”. Respecto de las conversaciones con su padre en las que le pide que le entregue “paquetes”, dijo que aludía a “fajos de dinero” que Orlando Caire le guardaba en el galpón de la distribuidora de helados que tenía, porque su casa no tenía un cerco de seguridad. De hecho, en el galpón se hallaron dos fajos con 91.000 pesos escondidos en el compartimento del motor de un freezer.

Caire padre, en tanto, le apuntó a la Policía, dijo que “fue terrible lo que hicieron”, resaltó que “pasaron el perro por todo el galpón y no encontraron absolutamente nada” y aseguró que haber quedado involucrado en la causa le provocó “un daño comercial, personal y laboral”.

En otro tramo de su declaración, Caire hijo se confesó consumidor de cocaína. Según dijo, lo hacía con su primo Stur, y que éste le compraba a Rubén Collins, condenado el año pasado por el regenteo de una cocina de cocaína en Urdinarrain. También consumía, según dijo, con el propio González.

En las escuchas, sin embargo, surge que Caire le vendía drogas a Collins, aunque Caire afirmó que era al revés.

Caire también negó que Néstor Javier Neuvirth fuera testaferro suyo. Dijo que eran socios en la compra y venta de vehículos y autopartes. A su turno, Neuvirth repitió el mismo discurso en una breve declaración.

Tanto Caire como González dijeron haberse conocido a instancias de sus parejas, ya que las mujeres eran pacientes del mismo médico cuando les tocó enfrentar sendos tratamientos oncológicos.

González habló de que la causa se sostiene en base a “mentiras” montadas por la Policía, negó haber estado prófugo de la justicia durante siete años (dijo haber estado “en rebeldía” aconsejado por su anterior abogado defensor) y habló de su patrimonio: “Lo que tengo no lo hice con plata de la venta de drogas, trabajé siempre desde los 14 años”, aseguró. También dijo haber sido beneficiado por el Estado, que le otorgó en comodato un terreno donde construyó un complejo de cabañas en la localidad de Nueva Escocia, cercana a Concordia.

Fuente: Página Judicial y El Diario.