El caso Chocobar llegó a Entre Ríos

GATILLO FÁCIL

El caso Chocobar llegó a Entre Ríos

En Paraná un agente de la Policía asesinó a un joven por la espalda. Dos integrantes de la fuerza fueron liberados, mientras la causa tramita en sede judicial. Las preguntas en torno a “la defensa propia” que se esgrimió desde la institución policial. Preguntas sin responder en un hecho que sucede en un contexto patético que quedó registrado en la pantalla de un celular. Las únicas voces que se escucharon fueron desde un lado. El relato que baja desde las altas esferas del Estado.

Federico Malvasio
De la Redacción de Página Judicial



Un conjunto de sucesos no pueden dejarse de hilvanar. La conjunción de los mismos son una radiografía de un contexto temerario que parece justificarse desde el mismo Estado.

Los entrerrianos nos encontramos, por estos días, ante la doctrina Chocobar. Gabriel Gusmán fue herido de bala por la espalada en el barrio Capibá de Paraná. Tuvo una muerta lenta, mientras se desvanecía empapado en su propia sangre ante la mirada de vecinos y policías que exigían que nadie se acerque. ¿Quizás para no modificar la escena? Un patrullero estacionado a metros del hecho no hizo lo que debería haber hecho una ambulancia. Trasladar a un pibe que se disputaba entre la vida y la muerte.

El video que circuló casi en directo en las redes sociales filmado desde un celular enfocando a Gusmán desangrándose fue la escena más dramática de la que se pueda tener registro en estas pampas. Un vecino filma a otro vecino que se muere lentamente tras el impacto de bala de un policía que le disparó por la espalda. La escena se complementa con acusaciones de otros vecinos que denuncian venta de droga en el barrio y protección policial. Aparecen nombres, sobrenombres y especificaciones de dónde se puede conseguir la droga. Todo eso pasa mientras Gabriel se va muriendo, de a poco. La ambulancia no llega. ¿Por qué no llega? ¿La llamaron? El patrullero, que es una unidad móvil del Estado, permanece estacionado. Nadie socorre a Gabriel. ¿No hay allí un abandono de persona? La causa está en manos de los fiscales Gonzalo Badano y Franco Bongiovanni.

Para darle fuerza a la primera hipótesis de la “defensa propia” en favor del policía se le plantó un arma a la escena. Pero la filmación del vecino no la registra. Luego una pericia descartó que Gabriel haya tenido una pistola. Un tiro que perforó la nuca de un joven desarmado es el hecho en el que se debate si fue o no en defensa propia.

El jefe de la Policía, Gustavo Maslein, celebró la liberación del sargento Diego Ibalo y el agente Rodrigo Molina, detenidos por la muerte de Gabriel. En declaraciones radiales, el mandamás de la fuerza dejó afirmaciones: “La Policía hizo lo que tenía que hacer”; “se tiró abajo todo lo que se habló de gatillo fácil”.

Maslein, como los últimos jefes de la Policía, tiene una protección mediática inocultable, excepto salvadas excepciones.

La ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, estuvo en Paraná el 15 de agosto para disertar en el Encuentro Nacional de Mujeres Juezas. Allí llamó a “cuidar a las fuerzas de seguridad”.

Dos días antes visitó a Luis Oscar Chocobar, quien en diciembre había estado en el centro de la polémica por su accionar cuando mató por la espalda a un ladrón que acababa de apuñalar a un turista estadounidense. “No estás solo” fue el mensaje que le dio Bullrich al policía procesado y afirmó que el caso abrió el camino para que “dejen de poner al policía como culpable cuando defiende a la gente”.

La situación de crisis del país, que tiene como una de las variables la desocupación, genera violencia. No tener trabajo genera violencia. No comer genera violencia. No poder llevar el pan a la mesa familiar genera violencia. Ante ese panorama, que el propio Presidente anunció y que incluso adelantó que crecerá la pobreza y los próximos meses serán peores, firmó una resolución en la que se recorta fondos a Educación para transferirlos a la Policía Federal. El destino es el pago de adicionales.

Las políticas se aplican en un contexto. Y de eso se encarga la dirigencia. En el caso Gusmán se llamó a silencio. Lo único que se escuchó fueron los aplausos de policías, en la puerta de la Alcaidía este miércoles por la noche, cuando festejaron la liberación de sus compañeros. También se escuchó al sargento que disparó el arma. En una entrevista le dejó un mensaje a sus camaradas: “A cuidarse”.