Condenaron a Mazzaferri

DERECHOS HUMANOS

Condenaron a Mazzaferri

El ex policía federal fue condenado a 20 años de prisión por allanamientos ilegales de domicilio, secuestros y torturas y como integrante de una asociación ilícita, en el marco de un plan sistemático de persecución y exterminio. El tribunal consideró que los delitos que fueron considerados como crímenes de lesa humanidad. El represor de 64 años continuará detenido en la cárcel de Villa Devoto.

Juan Cruz Varela


El rompecabezas se sigue completando: el ex policía federal José Darío Mazzaferri fue condenado a 20 años de prisión por delitos cometidos en su paso por Concepción del Uruguay durante la última dictadura cívico-militar.

El Tribunal Oral Federal de Paraná, con integración de Beatriz Caballero de Barabani, Jorge Sebastián Gallino y Otmar Paulucci, condenó al ex comisario general de la Policía Federal por el allanamiento ilegal del domicilio de dos personas y por la privación ilegítima de libertad e imposición de tormentos de César Román, Juan Carlos Rodríguez, Roque Minatta, Juan Carlos Romero, Carlos Martínez Paiva, Carlos Valente, Hugo Angerosa y Jorge Felguer. Los delitos fueron calificados como crímenes de lesa humanidad. También fue condenado como integrante de una asociación ilícita, en el marco de un plan sistemático de persecución y exterminio de militantes políticos, aunque con la disidencia de Paulucci en este punto.

Asimismo, los jueces rechazaron los planteos defensistas de prescripción, excepción de falta de acción en la continuidad de la investigación por aplicación de las leyes de obediencia debida y punto final y extensión de los plazos razonables en la tramitación del proceso.

Antes de eso, el represor habló durante quince minutos ante el tribunal. “Debo decir que no soy un genocida ni un apropiador de menores”, dijo Mazzaferri en el comienzo de su diatriba. “No vine a Concepción del Uruguay a integrar ningún grupo fantasma ni como integrante de una patota”, aseguró más adelante.

En otro tramo de su exposición, el represor de 64 años afirmó: “Yo jamás integré ninguna asociación ilícita; mi único pecado a esta altura es haber pertenecido a una fuerza bicentenaria”, dijo en referencia a la Policía Federal.

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También negó que en Concepción del Uruguay hubiera funcionado un centro clandestino de detención, “ni nada que se le parezca”, y que “en ese lugar no existía ningún terrorismo de Estado”; llegó al absurdo de decir que la acusación había sido promovida por algún tipo de persecución política; aseguró que las víctimas tenían “una memoria selectiva y eso modifica la verdad”, que las acusaciones no se sostenían en los “hechos históricos” y que los dichos en el juicio eran “producto de relatos”.

Otro claro día de justicia

Fue el de este jueves un claro día de justicia, como gustan decir los sobrevivientes de las catacumbas, parafraseando aquel cuento de Rodolfo Walsh, porque Mazzaferri representa el puente que cubre la brecha entre los ideólogos del plan sistemático de represión y los ejecutores; era él mismo un ejecutor, el que disponía de su auto particular para secuestrar estudiantes secundarios y militantes populares, quien aplicaba la picana eléctrica y enseñaba a otros cómo hacerlo, el que infundía el miedo, “el azote de dios”, como lo describieron durante el juicio.

Mazzaferri fue condenado en el quinto juicio por delitos de lesa humanidad en Paraná y los organismos de derechos humanos lo celebraron en la calle, ya no solo por la condena, sino porque se hiciera justicia.

La fiesta popular que se montó frente a la sede del tribunal, con una radio abierta, una intervención artística y bandas musicales, es una forma de continuar sembrando memoria, verdad y justicia, que es algo más que una consigna. En la calle, frente a los tribunales, bajo un sol radiante que parecía haber sido prestado por la primavera, la emoción se transformó en gritos de celebración y enseguida le siguió el canto de que “como a los nazis / les va a pasar / adonde vayan los iremos a buscar”.

La escena se replicó en el cuarto piso de la Municipalidad de Concepción del Uruguay, donde una pantalla reproducía lo que pasaba en la sala de audiencias. Ahí también hubo abrazos y emoción entre las víctimas de Mazzaferri.

Celebración dentro y fuera de los tribunales

La condena de Mazzaferri fue celebrada dentro y fuera de los tribunales.

“Siento una mezcla confusa de sentimientos, pero lo principal es una gran satisfacción porque el grano de arena que pudimos sumar es una victoria contra el terrorismo de Estado y contra las prácticas genocidas”, exclamó César Román, una de las víctimas de Mazzaferri, y el primero en denunciarlo, en el año 2006, cuando era un poderoso comisario general y estaba al frente de la Superintendencia de Planificación y Desarrollo de la Policía Federal. Sin embargo, Román señaló que “todo esto tuvo que ver con un gran colectivo porque de otro modo habría sido imposible”.

La abogada María Isabel Caccioppoli, que promovió aquella denuncia iniciática, celebró que se hiciera justicia: “Me pongo en la piel de las víctimas y siento que llegar a una condena, después de tanto tiempo, va a servir para sanar muchas heridas que sufrieron en el camino, así que la sentencia es reparadora”, afirmó.

Por su parte, Marcelo Boeykens destacó la pena de 20 años que recibió el represor, pero se lamentó de que el tribunal “no reconociera en la sentencia que lo que ocurrió en la Argentina fue un genocidio”. El letrado hizo notar también que el tribunal no hizo mención al pedido para que se abran otras causas contra Mazzaferri por su posible participación en la detención ilegal de dos personas que se encuentran desaparecidas, aunque adelantó que presentarán las denuncias respectivas.

En tanto, el fiscal José Ignacio Candioti resaltó que “el tribunal no sólo reconoció la culpabilidad de Mazzaferri, sino que lo hizo respecto de todas las víctimas por las que fue acusado, en cuanto a las privaciones ilegales de libertad y los tormentos” y consideró “reconfortante que se hayan reconocido los secuestros y tormentos contra estudiantes secundarios y jóvenes que sin ningún tipo de razón fueron sacados de sus casas y torturados de manera brutal, tanto física y como psíquicamente, y eso les ha dejado secuelas hasta nuestros días”, concluyó.

Fotos: Juan Martín Casalla.