Condenaron a Mario González, uno de los jefes del narcotráfico en Entre Ríos

NARCOTRÁFICO

Condenaron a Mario González, uno de los jefes del narcotráfico en Entre Ríos

El Tribunal Oral Federal de Paraná le impuso cuatro años y seis meses de prisión por la tenencia cocaína para su comercialización. El procedimiento ocurrió en 2006, pero el Gordo González se mantuvo prófugo durante casi una década, impidiendo su juzgamiento. Tiene pendiente una causa más importante en la que está acusado de integrar una asociación ilícita para la venta de drogas en distintas localidades entrerrianas y su exportación al Uruguay, en connivencia con policías.

paginajudicial.com

Juan Cruz Varela
De la Redacción de Página Judicial



Mario Roberto González, alias El Gordo. Nacido en Concordia, 44 años. Culpable.

El Tribunal Oral Federal de Paraná condenó a González a cuatro años y seis meses de prisión, más el pago de una multa de 5.000 pesos, por el delito de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización.

Esta es la primera condena que recibe uno de los jefes del narcotráfico en la provincia, autocalificado como comerciante en un puesto de frutas y verduras del mercado central y chofer de vehículos. Antes había sido absuelto por el tribunal oral en otra causa por narcotráfico y ahora espera el juicio como líder de una asociación ilícita para la venta de drogas en Concordia, Colón, Concepción del Uruguay y, se presume, la exportación hacia la República Oriental del Uruguay, en connivencia con policías.

La causa que derivó en la primera condena de González tiene su origen en un allanamiento realizado en su casa de Concordia el 24 de agosto de 2006, por policías provinciales que investigaban un robo sufrido por un empresario porteño a quien le habían sustraído una suma equivalente a 24 mil dólares, entre pesos y dólares, que tenía para comprar tambores de miel. El empresario contó que el estafador huyó en una moto tipo enduro con otras dos personas. La moto estaba en la casa de González y el dueño sería una pareja de la hija del Gordo.

En la casa hallaron, además de la moto, 28 tizas de cocaína, que pesaron 238 gramos, dentro de una bolsa de nylon blanca que el propio González intentó esconder en un pozo ciego en el fondo de la casa, según dijo el policía Claudio Ulrich, que lo vio desde un baldío lindero. También encontraron una balanza de precisión, seis botellas con éter y otras dos que contenían ácido clorhídrico. Ambas sustancias están consideradas como precursores químicos para el proceso de producción de la cocaína.

El tribunal validó esta versión y descartó que la droga hubiera sido “plantada” por la Policía, como dijo González en su defensa. También rechazó el planteo del abogado defensor, Juan José Buktenica, para que se decrete la nulidad del procedimiento por “irregularidades manifiestas” en que habrían incurrido los investigadores.

El jefe de la banda y la complicidad policial

El Gordo González fue detenido el 12 de mayo del año pasado en el departamento que tenía en el primer piso de la calle Pilar 747, en el barrio porteño de Liniers. Estaba con su concubina, Elsa Cristina Caram, que también fue arrestada.

Para ese momento, González llevaba siete años prófugo.

Su detención se produjo después de dos años de una investigación, a partir de la detención en forma casual de un hombre que pretendía cruzar desde la costanera de Colón hacia la República Oriental del Uruguay, en una lancha, transportando 42,92 kilos de marihuana y 3,36 kilos de clorhidrato de cocaína.

De resultas de esa casualidad, que incluyó seguimientos y vigilancia, informes, fotografías, filmaciones y, fundamentalmente, escuchas e intervenciones de líneas telefónicas, surgió su vinculación del hombre de la lancha con un tal Javier Alejandro Caire, a quien la Policía conocía del negocio de desarmaderos y comercio de autopartes en Concepción del Uruguay y de allí hasta el Gordo González

Las escuchas telefónicas permitieron reconstruir el organigrama de la banda, como determinar nombres, vínculos y roles de cada uno de los integrantes: González era quien detentaba el liderazgo operativo; mientras que Caire –también detenido– fungía como organizador, es decir, el que aportaba la infraestructura, medios económicos, logística (respecto del comercio, traslado y distribución de la droga) y quien asignaba los roles y funciones a los otros miembros. Ambos eran, además, quienes proveían de droga a los vendedores para su comercialización al menudeo.

Por debajo de ellos, en distintos roles, aparecen familiares, principalmente de González, que constituían distintos eslabones de la organización: Orlando Daniel Caire, el padre de Javier; Elsa Cristina Caram, la esposa de González y hermana de un puntero peronista de Concordia; María Isabel González, la madre del Gordo; Rosana Isabel Tenis, hermana del líder de la banda; y Carlos Alberto Segovia, pareja de esta última; también formaban parte Mirta Noemí Sayavedra, Nicolás Alberto Stur y Antonio Darío Vallejos, señalados como vendedores de droga, en Concepción del Uruguay los dos primeros y en Colón el tercero; y Néstor Javier Neuvirth.

El rol de los agentes de las fuerzas policiales y de seguridad aparece como fundamental para el sostenimiento de la organización. A través de escuchas telefónicas se determinó que González y Caire se referían al comisario inspector Alberto Mario Núñez, uno de los jefes de la Dirección de Toxicología de la Policía de Entre Ríos, cuando hablaban de “el amigo de Paraná” o “el del Aveo blanco”, en referencia al automóvil en que, supuestamente, se movilizaba. Los tentáculos se extendían a otras fuerzas: los sargentos José María Gómez y Sergio Andrés García, de la Policía Federal; y un sargento ayudante de Gendarmería, Carlos Francisco Acosta, que se desempeñaba en el área de escuchas telefónicas en el Escuadrón 4 “Concordia”. Todos están acusados de integrar la asociación ilícita.